El viaje interno: Al otro lado del ventilador
Es bonito cuando llego a mi casa y me tomo mi tiempo para asentarme, respirar y pensar. Cuando me siento y, bajo una aparente mirada perdida, me encuentro. Cuando veo pasar todas las escenas - o la mayoría - que he vivido en ese día. Cuando, dependiendo de mi humor, las analizo y las revivo. Cuando, luego, mi mente se pone en blanco - como ahora - y trata de recordar el por qué de hoy, el qué de mañana; el qué pasó y el qué puede ser mejor.
Hoy seguiré con mi ejercicio, no solo porque necesito desatorar mi conducto creativo, sino, también, porque quiero pretender un poco ser como Carrie Bradshaw.
Me he dado cuenta que me gusta reflexionar. Supongo que no es novedad - la mayoría de las personas lo hacemos porque es nuestra característica ¿o no?. Lo cierto es que yo lo disfruto en esos momentos de sentarme, respirar y pensar. Me gusta porque es mi tiempo conmigo. Es el tiempo que tengo para verme a mi misma, sin las influencias de nadie, y darme cuenta de quién soy. Sí, porque a veces no es bueno hacer la introspectiva cuando tienes a alguien al costado diciéndote lo que el cree que eres, lo que cree que deberías dejar, lo que deberías ser. A veces, no. Nunca. Es bueno considerar el punto de vista de otros, pero en el momento del viaje interno, me parece que lo debemos hacer solos.
El viaje interno, ¡guau!, qué término me salió. Voy a tratar de explicar por qué acabo de escribir eso. Veamos. No. No puedo. Me he desconcentrado. Fácil, me tomaré un buen tiempo para reflexionarlo y, quizá, sea mi próxima entrada. Vamos a tratar de regresar a la nave. Recuerda: nárralo todo hasta que encajes en el carril indicado y comiences a fluir.
Hoy fue el Baby Shower de mi hermana. Yo no soy dadivosa por naturaleza. A mi me tienes que pedir si quieres que haga las cosas para ti. Tengo un mundo interno - como todos - pero queda tan lejos que mi única nave hacia él es un término que ni siquiera puedo explicar. Lo peor de todo es que el viaje interno es tan complicado como el viaje de regreso. Por eso, sí mamá, creo que sí me tienes que repetir un par de veces las órdenes. Porque tu eres así y yo soy asá.
Hoy me di cuenta que no es bueno callar. Tampoco es bueno hablar de más. Es bueno saber medir lo que uno va a expresar, identificando si el contexto es apropiado para lo que uno quiere decir y si no, ver la manera de usar algún eufemismo. Solo en casos de emergencia, tirar del gatillo. Pero, no es bueno tragarse nada. No es bueno. No lo hagan. No lo intenten. Es peor terminar intoxicado. Por eso, este es un buen ejercicio. Uno nunca imagina cuántas personas piensan como uno. Créeme, son más de las que crees. El problema está en que somos como rompecabezas. Estamos formados por millones de ideas que se juntan y nos hacen lo que somos. No hay nadie que tenga la misma cantidad de piezas que otro y que sean iguales. Hay gente que tiene más. Hay gente que tiene menos. Las piezas siempre serán distintas. Habrá siempre diferencia aunque sea en una idea. Son miles de millones de billones de trillones en el mundo que no son iguales porque, aunque dos sean la misma pieza, cada una tendrá un nombre distinto. Una tendrá tu nombre y la otra tendrá el nombre de aquel que comparte la misma idea. Así que, solo considera que hay más personas de las que te imaginas que comparten las mismas ideas que tu. Por eso ¡no te cierres! Lanza tus ideas al viento. Y si no hay viento, ¡prende el ventilador! Pero, ¡haz algo! Haz que tus ideas, aunque sea una, lleguen a alguien. Porque estoy segura de que siempre va a haber una persona al otro lado que esté dispuesta a recibir y, eventualmente, algo bonito saldrá del compartir. Al menos algo interesante.
Como tu, que estás leyendo mi blog. Como yo, que te lo estoy contando todo. Te lo estoy diciendo todo y, ojo, sin escrúpulos. Te lo narro tal y como lo vivo, tal y como lo siento, tal y como quiero que lo sientas tu también. Tal y como quiero compartirlo contigo.
Y si no lo quieres recibir, sabes que aunque sea esto te puede servir para saber que reflexionar es bueno y que todavía estás a tiempo para pensar sobre por qué estás aquí leyendo mi blog.
En cuanto a mi, seguiré escribiendo mientras pueda. Seguiré practicando mi ejercicio. Seguiré incentivandote con los motivos que a mi me movieron. Seguiré diciéndolo casi todo - porque mi capacidad humana no me permite recordarlo todo. Seguiré hablando de nada. Y seguiré acumulando millas con este viaje interno - A ver si en algún momento me sale un regreso sin esfuerzo. Seguiré compartiendo lo que vivo, lo que creo, lo que siento porque sé que siempre hay alguien que está al otro lado del ventilador.
Hoy seguiré con mi ejercicio, no solo porque necesito desatorar mi conducto creativo, sino, también, porque quiero pretender un poco ser como Carrie Bradshaw.
Me he dado cuenta que me gusta reflexionar. Supongo que no es novedad - la mayoría de las personas lo hacemos porque es nuestra característica ¿o no?. Lo cierto es que yo lo disfruto en esos momentos de sentarme, respirar y pensar. Me gusta porque es mi tiempo conmigo. Es el tiempo que tengo para verme a mi misma, sin las influencias de nadie, y darme cuenta de quién soy. Sí, porque a veces no es bueno hacer la introspectiva cuando tienes a alguien al costado diciéndote lo que el cree que eres, lo que cree que deberías dejar, lo que deberías ser. A veces, no. Nunca. Es bueno considerar el punto de vista de otros, pero en el momento del viaje interno, me parece que lo debemos hacer solos.
El viaje interno, ¡guau!, qué término me salió. Voy a tratar de explicar por qué acabo de escribir eso. Veamos. No. No puedo. Me he desconcentrado. Fácil, me tomaré un buen tiempo para reflexionarlo y, quizá, sea mi próxima entrada. Vamos a tratar de regresar a la nave. Recuerda: nárralo todo hasta que encajes en el carril indicado y comiences a fluir.
Hoy fue el Baby Shower de mi hermana. Yo no soy dadivosa por naturaleza. A mi me tienes que pedir si quieres que haga las cosas para ti. Tengo un mundo interno - como todos - pero queda tan lejos que mi única nave hacia él es un término que ni siquiera puedo explicar. Lo peor de todo es que el viaje interno es tan complicado como el viaje de regreso. Por eso, sí mamá, creo que sí me tienes que repetir un par de veces las órdenes. Porque tu eres así y yo soy asá.
Hoy me di cuenta que no es bueno callar. Tampoco es bueno hablar de más. Es bueno saber medir lo que uno va a expresar, identificando si el contexto es apropiado para lo que uno quiere decir y si no, ver la manera de usar algún eufemismo. Solo en casos de emergencia, tirar del gatillo. Pero, no es bueno tragarse nada. No es bueno. No lo hagan. No lo intenten. Es peor terminar intoxicado. Por eso, este es un buen ejercicio. Uno nunca imagina cuántas personas piensan como uno. Créeme, son más de las que crees. El problema está en que somos como rompecabezas. Estamos formados por millones de ideas que se juntan y nos hacen lo que somos. No hay nadie que tenga la misma cantidad de piezas que otro y que sean iguales. Hay gente que tiene más. Hay gente que tiene menos. Las piezas siempre serán distintas. Habrá siempre diferencia aunque sea en una idea. Son miles de millones de billones de trillones en el mundo que no son iguales porque, aunque dos sean la misma pieza, cada una tendrá un nombre distinto. Una tendrá tu nombre y la otra tendrá el nombre de aquel que comparte la misma idea. Así que, solo considera que hay más personas de las que te imaginas que comparten las mismas ideas que tu. Por eso ¡no te cierres! Lanza tus ideas al viento. Y si no hay viento, ¡prende el ventilador! Pero, ¡haz algo! Haz que tus ideas, aunque sea una, lleguen a alguien. Porque estoy segura de que siempre va a haber una persona al otro lado que esté dispuesta a recibir y, eventualmente, algo bonito saldrá del compartir. Al menos algo interesante.
Como tu, que estás leyendo mi blog. Como yo, que te lo estoy contando todo. Te lo estoy diciendo todo y, ojo, sin escrúpulos. Te lo narro tal y como lo vivo, tal y como lo siento, tal y como quiero que lo sientas tu también. Tal y como quiero compartirlo contigo.
Y si no lo quieres recibir, sabes que aunque sea esto te puede servir para saber que reflexionar es bueno y que todavía estás a tiempo para pensar sobre por qué estás aquí leyendo mi blog.
En cuanto a mi, seguiré escribiendo mientras pueda. Seguiré practicando mi ejercicio. Seguiré incentivandote con los motivos que a mi me movieron. Seguiré diciéndolo casi todo - porque mi capacidad humana no me permite recordarlo todo. Seguiré hablando de nada. Y seguiré acumulando millas con este viaje interno - A ver si en algún momento me sale un regreso sin esfuerzo. Seguiré compartiendo lo que vivo, lo que creo, lo que siento porque sé que siempre hay alguien que está al otro lado del ventilador.
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