El viaje interno: Responsabilidades

Estas últimas semanas han sido bastante intensas para mí. La razón es obvia pero yo no la concebí hasta hace dos segundos. Lo que pasó fue lo siguiente:

Me acabo de quedar unos minutos en blanco pensando qué carajo voy a escribir. No lo sé. Pienso en todo. En la razón de la razón de la razón de la razón. Retrocedo tanto que luego me detengo porque me doy cuenta que no se trata de contarte toda mi vida. No tengo que hacerlo. No hoy. No ahora. No así. Solo te contaré lo que me pasó en estas últimas semanas. Y seguiré haciendo mi tarea.

Entonces, retomando, el año pasado terminé clases, salí de vacaciones y una amiga me dijo para tocar bajo en una big band en la cual ella formaba parte. Dije que sí. Dije que sí porque pensé en todos los pros que esto me iba a traer. No soy bajista pero consideré que era músico y que esta experiencia me iba a servir. Y así fue. Entonces, tomé el bajo un lunes y me puse a leer unas partituras que tenía que tocar el sábado de esa misma semana. Y lo hice. Bueno, sólo toqué cuatro canciones, pero fue suficiente. Me convertí en bajista - de hobbie. Me afané bastante. Luego, me dieron unas partituras para un tributo de Los Beatles que estaba programado para finales de febrero. Y con ese fajo bajo el brazo y mi bajo en el otro, me fui a Arequipa a pasar navidad con mi abuelita y año nuevo en mi casa de playa. Estuve ausente tres semanas para mi banda. Sí, no te lo dije pero tengo una banda. Se llama Kennedy Cats. Esta banda ha sido mi preocupación por el útlimo año y medio. Pero, cuando regresé, estaba tan intensa con el bajo, tan metida, que sólo me concentré en sacarme los temas para el tributo. Dejé de lado el tiempo que le tenía que dedicar a mis chicos, y les pido perdón por eso. Encima, me di cuenta que me faltaba plata. Plata para darme mis gustos musicales, plata para tener. Entonces, como si fuera un juego, mandé mi CV a varias tiendas. Resultó que la tienda que menos pensaba que me iba a responder lo hizo. Y ahora estoy acá escribiendo desde su computadora. Así que me vi envuelta con tres grandes responsabilidades que abarcaban casi todo mi tiempo, sin mencionar que, desde que estuve en la playa, comencé a hacer ejercicio y procuraba ir al gimnasio todas las mañanas.
Así fue mi semana pasada. Mi semana de "vacaciones". Mi casa era un hotel donde sólo iba a dormir. Me la pasé entre mi vida social, mi salud, mi chamba, mi pasión y mi hobbie. Mis responsabilidades. ¡¿Por qué?!
Ahora me siento un poco abrumada porque hace más de un par de segundos que me di cuenta que no puedo abarcarlo todo, no todavía. No estoy preparada. Recién hoy reconozco que ya no soy la niña de ayer. Recién hoy. Y mis responsabilidades me lo confirman. Quisiera poder complacer a todos, porque, si en un primer instante he accedido, es porque lo quiero y lo disfruto. Pero, al final, ni yo misma me complazco.

Lo bueno de todo esto es que, como sé que el mundo no se ha acabado, puedo hacer algo para mejorar. De hecho, ya comencé, y sigo en el proceso. Ya tomé algunas decisiones importantes, pero tengo que esperar un tiempo para poder volverme a enfocar en lo que necesito para mi vida. Estas experiencias me han servido. He crecido y me he vuelto más responsable. He lididado con todo tipo de problemas, de gente, de presión. Y sigo aquí. Y te lo estoy contando. He dejado de lado muchas cosas que quiero retomar. Y, sobre todo, he caído en la cuenta de que hoy es cuando tengo que ordenar mi vida.

Soy músico. Soy artista. Soy bohemia, tal vez. Tengo mi - alejado - mundo interno que consta de un viaje intenso. Pero soy humana, soy hija, soy hermana, soy compañera, soy amiga y tengo mis defectos. Tengo mis caídas. Tengo mis momentos de paranoia. Soy sensible. Soy intensa. Y cargar con eso es cargar con más responsabilides.

En un principio pensé que esta entrada iba a ser depresiva y negativa. Pero ha sido mi terapia para darle el giro y hacer algo con esto. Porque así es la vida. Si te pasa algo malo no tienes muchas opciones. O te sientas a llorar o te paras y dices "¡OK. Y, ¿qué voy a hacer al respecto?!" Entonces, resultó siendo una catarsis positiva con resultados prometedores. ¡Eso es!

Ser adulto implica tener responsabilidades. Y lo sabes. Yo tengo 21 años. No hay forma de que me pueda seguir refugiando de este mundo pretendiendo ser alguien que ya no soy. Ya no lo soy. Me gusta jugar, me gusta bromear, me gusta ponerme necia y ser irracionalmente divertida. Pero arrastro responsabilidades. Arrastro compromisos. Y tengo que tener la capacidad de poder cambiar el switch de Niña/Adulta que llevo cuando sea necesario. Cuando yo lo decida. Cuando sepa que me va a hacer mejor. Tengo que ejercitarme y llegar a ser capaz - espero que pronto - de acortar ilusionariamente el tiempo y la distancia de mi viaje interno.

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