Había una vez una niña (2007)

Había una vez una niña, la misma que soñaba todas las noches con nubes, la que se entregó a un desconocido, la que hipnotizaba con una sonrisa y alegraba con un canto.
Ésta es una historia que surge sin un centro, en donde esta niña se encuentra desnuda ante cualquier idea nueva; cambios, humores.
Tendrá que aceptar que es joven, deseada y débil, no como se muestra en esta página, sino como lo muestra la imaginación. Sin edad exacta, ni un exacto temperamento. Mientras más aciertes con mi imaginación, más te convencerá la historia, si te alejas terminarás perdida.
Yo sabía escuchar siempre las mismas palabras que venían del almacén cuando me encontraba en mi cuarto: “si alguna vez te pierdes en el bosque, solamente come los frutos que están picados por los pájaros”.


Todas las noches la niña salía fuera de su casa, menos en las noches de luna llena, eran muy iluminadas.
La razón era la búsqueda de oscuridad, para no verse, sentirse invisible y hasta a veces no sentirse.
Salía a un bosque, pues la ciudad era muy iluminada; cada vela que se apagaba era inmediatamente prendida y no le permitía la soledad.
Por eso cerraba los ojos, y cruzaba la puerta de su casa. Pasaba por las calles oscuras, caminando por una franja que se cortaba, entre los árboles y animales. Pero era de noche, nadie la veía, nadie pasaba por las calles oscuras a esas horas, sólo algunos que asomaban sus cabezas por sus ventanas, pero no veían más que al viento, y de vez en cuando algunas gotas de nubes que caían en sus ventanas, y dibujaban sus destinos.
La niña al caminar iba contando sus pasos, y éstos nunca eran iguales, algunos más largos, otros más cortos, pro pasos al fina, que la empujaban al final, fuera de donde partía.
Caminaba dando vueltas en círculos alrededor de la ciudad y cada vez que pasaba sobre el mismo sitio, volvía a contar sus pasos, contaba las vueltas que daba, ayudándose del viento, que soplaba más fuerte hacia el sur.

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