I - II (2008)

I

La niña había quedado profundamente dormida y quería volar.

Pero no volaba y ya no podía despertar.
Cada vez todo era más difícil,
Borroso:
sin días ni noches,
sin cielo ni tierra,
todo era vacío.

Ella quería volar.

Estaba dormida, entre sombras que la rodeaban sin sentidos, como un torbellino confuso.

Ella quería volar.

Sin negro ni blanco,
sin colores,
sin recuerdos,
sin memoria,
todo era absurdo.

Ella quería volar y extrañaba la lluvia.

Hizo un intento,
No había diferencia en sus ojos, si estaban abiertos o cerrados
Igual, no lo notaba
Percibió algo en su interior, algo que no había cambiado, algo suyo, dentro, igual.
Se posesionó aunque ya lo tenía, no notaba que ya era parte de sí.

Tembló el vacío un segundo, nada era cierto, pero pudo imaginar.

La lluvia quiso gastar los conceptos. Ella quiso.
Imaginó y coincidía con sus recuerdos, sin notarlo, su cuerpo se estremecía

La lluvia dibujaba su silueta con el calor de su cuerpo, solitario como hoy y el frío de la noche la envolvía.

Se observaba una delgada línea blanca que poco a poco se iba desvaneciendo mientras su corazón dejaba de latir.

II

No hubo nada más, no había ecos.
Sólo el vacío, impotente
el vacío, impotente
el vacío, impotente

Parecía eterno porque nadie lo notaba, nadie lo notaba porque era eterno
Muerto.
La tierra retumbo dominante, y aun así, todo fue igual: un cuadro muerto.

Parecía eterna… la naturaleza entre estos lienzos.
El vacío se hizo presente, envolvente
Todo estaba muerto
Era una apariencia tan cierta
Sin palabras, sin nada.

De la nada una luz se impuso, aunque invisible, más perceptible por algunos, aclamada.

El vacío avergonzado se escabulló como rata.

De la luz salió el silencio
La tierra retumbo noble
Liberó una armonía que broto de cada raíz que había estado escondida
De cada grieta gozosa.

Viajaba por cada raíz y cada rama por cada hoja y cada flor y liberada volaba devolviendo la vida.

Todo en silencio,
¡cómo gozaban del silencio!

Las flores dejaban caer sus pañuelos. Encomendaban su intimidad, se hacían de alguien más.

La tierra saltaba jubilosa de cada rama que salía de su cuerpo, con ese cosquilleo.

Todo en silencio.

Del centro una ignorante delgada línea blanca se asomaba con miedo, insegura, oculta en una pequeña grieta.
Temerosa de perderse en el silencio.

Fue en el silencio donde escucho un repique dentro de sí… un impacto.
Tajante y como al mar, decidió perderse.
Del centro de la tierra, del silencio, broto un resplandor fuerte que atravesó su corazón, lo ató y la elevó al cielo.

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