La niña y la luna (2006)

Cuando la luna llena iluminaba la noche, existían especies que le cantaban canciones de amor. Había una persona muy curiosa, que cuando las especies salían a cantar canciones a la luna, se paraba en un acantilado; una montaña con un precipicio que daba a un depósito de chatarras.

Al compás de los cantos y bajo la brillante luna llena, tiraba todas las latas, botellas y demás cachivaches que lograba recoger en el día.
Se quedaba danzando hasta el amanecer.

Pero un día quedó profundamente dormida en ese acantilado, en lo alto de la montaña, bajo la luz de la luna, acariciada por el viento húmedo que erizaba su piel.
Mientras se encontraba tendida en la tierra, la luna la observaba y le sonreía, pero ella no podía saberlo porque había quedado profundamente dormida y mientras la luna la contemplaba, ella soñaba.

En sus sueños, se encontraba sobre campos verdes, con flores silvestres de todos los colores, rodeada de mariposas y abrazada por un cielo celeste, muy puro, con nubes de algodón.
Así era su sueño, y soñaba que corría y sonreía, mientras la luna la contemplaba, y en sus sueños era muy feliz.

Los árboles la observaban y la llamaban para jugar, ella corría y conversaba con los pájaros.
Seguía corriendo, y cuando llegaba al río, veía a los peces de colores que se encontraban al fondo del cauce, y el agua era tan pura, que al beberla uno purificaba su alma.
Ella se quedaba admirando a los peces, que nadaban contra la corriente y les sonreía, y sus ojos azules se iluminaban como la luna, que la contemplaba mientras dormía.

Todas las horas las pasaba en el río y luego volvía a correr. Saltaba y cantaba rodeada de mariposas y al cansarse, se tiraba sobre las flores. Las mariposas le danzaban y tendida entre colores observaba a las nubes y les daba formas, imaginando lo que nunca pudo ver.
Las nubes actuaban para ella, y el cielo celeste era muy feliz.

Se quedó entre el verde de los campos, observando al cielo y escuchando el sonido del río tan puro.
Luego la sombra de un árbol la alcanzó y la sostuvo entre sus ramas, meciendo su mente, queriendo calmarla.

Sobre esos sueños, la luna la contemplaba, contenta y sus ojos como cristales, frente a una luz que comenzaba a brillar desde el horizonte.
Repentinamente, bruscamente, la luna dejó de sonreír y temió que la niña no volviera a despertar.

La luna se puso triste y desesperada, le avisó al viento lo que sucedía y éste ayudando corrió más rápido y fuerte, el viento se puso más frío y los cabellos de la niña parecían que volaban, pero la niña no despertaba.

En los sueños, la niña estaba en los campos verdes, rodeada de voces que le cantaban al son del río, bajo la sombra del árbol que la mecía y de pronto sintió una pequeña brisa que le hizo cosquillas.
Pero la niña seguía descansando y la luna se puso nerviosa y su cuerpo tembló muy ligero.

El viento no pudo hacer nada más que contarle a la tierra. La tierra quiso ayudar y se puso firme y dura, se humedeció y se puso fría como el viento, pero la niña soñaba, soñaba que estaba en los campos verdes, bajo la sombra del árbol, y el árbol bajo el calor y el brillo del sol.
Soñaba con un día fresco, rodeada de mariposas, y soñaba que estaba tendida sobre el pasto suave, como de seda, muy cómodo, y seguía imaginando las formas de las nubes, muy feliz.

La luna la observaba y no quería irse, pues temía que la niña no volviera a despertar. El sol la estaba llamando, pero la luna insistió.
La niña estaba tranquila, entre los campos verdes y el cielo celeste, hablando con los animales, cantando y riendo.
La luna la miraba con una corteza de esperanzas, pero con un corazón muy triste y con los ojos llenos de lágrimas.
La niña bostezó, había corrido mucho, y se acurrucó entre el pasto verde y las flores de colores, quedando profundamente dormida.
La luna de repente, sintió frío el corazón y dejó correr lo que había en sus ojos.
El viento desapareció y se hizo canción, y la tierra quedó dormida.
La luna observó a la niña por última vez.
Una lágrima cayó del cielo, sobre la niña y la acarició.
La luna rendida decidió alejarse, llorando por siempre, y la niña en sus sueños se encontró dormida, entre campos verdes y el cielo infinito que la abrazaba. Las mariposas huyeron y la niña no despertó jamás.

Comentarios

Entradas populares