Llegué (2007)

8 de enero

Llegué sin sueño, con sueños, queriendo decir más.
Llegué llena de sentimientos que quise expresar.
Me tomé unos minutos para verme. Retrocedí unas cuantas páginas
y me hallé. Me di cuenta que soy buena. Me comparé. Buena en
esto, que es lo que hago.
Entendí que los sentimientos a veces te asustan, que pueden pasar meses para luego apreciar tus reacciones. Que ser fiel sirve. Que ser fiel es fiel.
Llegué aquí con colores, con colores en mis manos. Sabores, texturas.
Llegué con melodías en clave de fa. Me acordé que dejé un alma en una esquina de mi cuarto, precisamente por donde transito diariamente.
Soñé con artefactos de metal, cuervos y duendes. Y una cámara fotográfica. Me dije a mí misma que no tengo que agradar con estas escalas, con tal que las entiendan quienes quiero que me entiendan.
Llegué y pensé por un momento y hace cinco segundos dejé de pensar.
Llegué a reposar en estas dunas y me acuerdo que ansío dejarlas desde hace mucho tiempo. Y que cada día las condiciones cambian. Comprendí que las palabras estrambóticas no tienen sentido si no son sinceras. Que no necesitas estudiar literatura para que el gritar sea tu pasión. A pesar de eso comparto algunas cosas a medias con un convencimiento.
Llegué y quise muchas cosas. Muchas cosas diferentes. Algunas que ya
llegarán, otras que ya se fueron. Llegué y escuché crujir al pavimento, como lo suelo hacer en mi aposento, cada vez que mantengo al silencio. Porque no todas las palabras serán sabias, pero sí mi corazón y esa corazonada que me dice que hoy soy sincera.
Llegué y no pasó nada, y después de unos minutos mi alergia me restregó todo en la cara, me dijo que hoy fumé tres cigarrillos, que los disfruté, pero que mi mente hoy, también, está confundida. Hoy volví a vivir ese fuego, porque sentí que algo en mi quería prenderse. Hoy dudo, pero soy sincera.
Llegué y todo fue normal, no fue común, fue diferente. Pensé en que los años se robaron mi paciencia, que quiero que este año rápido pase veloz. Me recordé entre la naturaleza, las bellezas de la sierra un poco más al norte de donde estoy. Ahora siento que los ojos me pesan y con cada palabra estoy más satisfecha.
Llegué y en tanto leía pensaba que, aunque uno escriba para sí, siempre piensa en compartirlo. Llegué a creer que no hay nadie verdadero que no haya deseado y que no desee que sus letras no vuelvan a respirar y que quieran ver siempre nuevas caras.

Llegué y creí, y creé. Y viví en el mundo que me diste, una vez más y deseé escribirte como lo hice más de una vez. Quise poder describir este romance que aún no empieza. Quise poder. Ahora puedo querer esperar esa chispa una vez más, en cuanto me quede quieta podré atraparla.

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